Now it’s dark
Into the night
I cry out
I cry out your name
Into the night…
De la canción Into the night (1989)
Escrita por David Lynch
La vida le jugó una mala pasada a John Merrick (John Hurt), persona de espíritu poético y sensible, nacido en la Era Victoriana, quien conforme crece adquiere la apariencia de un monstruo, por culpa de un padecimiento que le provocaba ser un manojo de tumores. Personaje conocido como El hombre elefante, que después de morar casi toda su vida a la sombra de una carpa de circo donde es exhibido como un fenómeno, un buen día se aventura al exterior por consejo de su medico y único amigo el Dr. Frederick Treves (Anthony Hopkins), y al ser detectado su paseo por la multitud citadina, lo agraden y al intentar lincharlo en los lúgubres callejones del Londres del siglo XIX, con genuino terror, el trágico personaje le grita a la furibunda y morbosa turba que lo acosa, con toda su atormentada alma: “Soy un humano”, esto ocurre en la obra del paquidérmico nombre, filmada en glorioso blanco y negro en 1980. O como la mala jugada del destino en la historia de la sensual cantante Dorothy Vallens (Isabella Rossellini), objeto del perverso deseo del gangster Frank Booth (Dennis Hopper), capo de una pequeña ciudad donde vive el joven e idealista Jeffrey Beaumont (Kyle MacLachlan), quien a primera vista se enamora de la triste belleza de la cantante que está obligada a descender al sótano de la lujuria del aberrante y edipicó personaje, por motivo de que tienen secuestrado a su pequeño hijo y esposo, y el torvo sujeto amenaza con matarlos si la bella no accede a sus bajos instintos, en el drama suburbano que transcurre con el fondo musical de la vieja balada de Bobby Vinton, llamada Terciopelo Azul (Blue Velvet) y que le da el espléndido titulo a está cinta creada en 1986, o como el extraño crimen ocurrido en el poblado forestal de tan solo 51201 habitantes, llamado Twin Peaks, a donde llega el agente del F.B.I. Dale Cooper (de nueva cuenta MacLachlan), intentando descubrir quién asesino a Laura Palmer (Sheryl Lee), promiscua joven que tiene doble personalidad y que se convierte en la mancha en el pasado de casi todos los personajes de ese sofocante microcosmos paranoico y enfermo en que esta convertido el pueblo junto a los picos gemelos, en la serie de televisión compuesta por 8 capítulos que data del año de 1989 y que después se convirtió en un par de cintas, una precuela titulada Twin Peaks: Fire Walk With Me y su secuela Twin Peaks (The Movie), en 1992 y 1989 respectivamente. Las anécdotas anteriores, son producto y obra de la mente de un oscuro orfebre cinematográfico, que en cada nueva cinta (como el Virgilio de Dante), nos acompaña a explorar los infiernos y bajos fondos de la maldad y la naturaleza humanas recreadas con sobrecogedor lujo de detalle. Todo esto viene a colación ya que el mencionado artista que responde al nombre de David Lynch, el pasado día 15 de enero de este recién iniciado 2025, falleció formalizando el status de leyenda con su ausencia física y es obligado recordar algunos aspectos de la vida y obra de este “denso viajero cinematográfico”.
“Empecé a hacer películas porque miraba alguna pintura y quería hacer más.
Algo que no soy es intelectual. Me voy totalmente por los sentimientos.
Una película comienza con ideas en mí y cuando eres fiel a esas ideas, ellas salen resonando en el subconsciente de la gente.”
David Lynch nació en Missoula, montana el 20 de enero de 1946, hijo de un científico que por motivos laborales constantemente tenía que emigrar de domicilio, el futuro realizador vivió en diferentes y pequeñas localidades, cuyas atmósferas de los asentamientos suburbanos y las ciudades pequeñas están perfectamente retratadas en sus obras. Fue en la ciudad de Boston, Massachussets, en donde completo su instrucción de educación media y posteriormente ingresa a estudia pintura en la Corcoran School of Art en la ciudad de Washington, también estudio algunos años en Europa y completo su educación académica en el rubro de Artes Gráficas en la Pennsylvania Academy of fine Arts de la ciudad de Filadelfia. Su interés por el cine nace a mediados de la década de los años setenta y con el apoyo de una beca del American Film Institute’s For Advanced Film Studies en Los Angeles, California, en donde laboró por algunos meses, logra capitalizar la primera producción que dirigiría llamada Cabeza de borrador (Ereasedhead) y que tuvo un costo de 20 000 dólares en el año de 1977. Este ejercicio que sorprendió e impacto a propios y extraños y que narraba la historia de un zombi, inmediatamente logro una importante legión de admiradores entre los que se encontraba el cómico, escritor y director de cine norteamericano Mel Brooks, que conmovido por la exploración de los sentimientos y la oscura visión del joven le encomendó la realización del proyecto de la ya mencionada El hombre elefante (The Elephant Man), la cual recibió 8 nominaciones para los premios de la Academia, mejor conocidos como Oscar y a partir de ese momento el realizador se convirtió en objeto de culto y en un celebrado hacedor de fábulas oscuras que evocan la naturaleza básica del hombre y por consiguiente la condición humana, en los conceptos de: el amor, la culpa, la vida, la violencia, la muerte, etcétera, que han sido manejados con un preciso sentido de lo surreal, lo onírico y lo fantástico. La antología de personajes que ha logrado concretar Lynch en cintas como: Dunas (Dune, filmada en nuestro país, en los estudios Churubusco en el año de 1984), la ya citada Terciopelo Azul (Blue Velvet), de 1986; The Industrial Symphony No. 1 The Dream Of Broken Hearted, de 1989; Salvaje de corazón (Wild At Heart), de 1990; Hotel Room, de 1992; Por el lado oscuro del camino (Lost Highway), de 1996; Una historia sencilla (The Straight Story), de 1999 y el muy evocado ejercicio subtitulado en nuestro país como Sueños, misterios y secretos (Mullholland Drive), de 2001 y que originalmente fue concebido como un programa “piloto” de televisión, han poblado los sueños y pesadillas de varios miles de cinéfilos, entre otras muchas obras de su notable filmografía. Luminosas piezas que paradójicamente emanan una “jubilosa oscuridad”, que además por su pulido estilo, característicos signos narrativos y delirante-descarnado deseo, han logrado trascender a la cultura popular y al imaginario de cierto colectivo, por mérito propio. En los últimos años, el artista norteamericano fue autor de una obra única y sorprendente por sus lóbregas temáticas, además de que siempre exhibió una personalidad que fue, es y será celebrada y bien recibida por una inmensa legión de cinéfilos alrededor del mundo. Tras su fallecimiento, casi arribando a su octava década de edad, recordemos la frase que expresó a mediados de los años ochentas en referencia a su ejercicio cinematográfico, y que dice:
Alejandro Cervantes Avilés. Moreliano, cinefilo consciente de tiempo completo. A calaborado en espacios escritos y electrónicos locales y regionales, divulgando la historia y circunstancia del séptimo arte.