Aurelia Cerriteño
Que alivio es saber que vamos a morir.
El cuerpo se entrega a la tierra para la integración y la nutrición que dará más vida.
El alma no muere, lo que muere es el ego.
El espíritu se integra al universo y quién sabe a dónde seguirá el gran propósito.
El tiempo y la vida se valoran gracias a su impermanencia.
Cada instante se convierte en una grandiosa oportunidad de sentir, agradecer y aprender.
El camino nos seguirá dando bendiciones, beneficios, abundancia, luz y también nos dará obscuridad, dolores e inestabilidad para de ahí resurgir con más claridad e integridad.
Algún día nuestro concepto de lo creemos que somos tendrá que morir.